Como llegar
Paseos Audioguiados
Enmarcado en una campaña de excelencia turística, el Ayuntamiento de Melilla vio en esta propuesta una sencilla y cómoda solución para los turistas.
A partir de una serie de puntos de interés turístico identificados mediante un código propio, el turista puede solicitar información vía telefónica. Estos pueden consultar a través de sus teléfonos móviles datos relativos a la historia y al patrimonio de Melilla. El turista solicita la locución vía móvil a través del código del punto de interés turístico. La solución se implementó en cuatro idiomas, de acuerdo a los perfiles de los turistas. Para los turistas supone poder pasear libremente por la ciudad y recurrir al servicio en el momento que lo deseen. Es también una solución informativa accesible para invidentes o personas con problemas visuales.
Para su contratación dirigirse a:
Oficina de Información Turística sita en Plaza
de España.
PASEO POR LA MELILLA MODERNISTA
Salimos desde el quiosco de la Plaza de España, entre el Casino y el Palacio de la Asamblea, y nos dirigimos por calle Duque de Almodóvar hasta su final para encontrar el barrio del Mantelete, barrio construido en el siglo XIX junto a las murallas.
El Clasicismo y el Historicismo
Encontramos el antiguo mercado de hierro que databa de 1.896 y recuperado recientemente, y ya en la calle Duque de Almodóvar veremos el edificio clasicista donde tuvo emplazamiento la Junta de Arbitrios, antecedente del Ayuntamiento.
Al final de la misma calle a la izquierda se encuentra la Iglesia Castrense, obra historicista neogótica de Francisco Carcaño, que data de 1.920. Desde aquí regresamos a la Plaza de España.
La Plaza de España es un espacio diseñado en 1.913 por José de la Gándara y está presidida por algunos de los edificios más representativos de la ciudad. A la izquierda, el Palacio de la Ciudad Autónoma -o antiguo Palacio Municipal-, obra en la que Enrique Nieto despliega un interesante lenguaje art decó. Destaca su monumental fachada y le recomendamos visitar su interior.
Si avanzamos por la acera exterior de la plaza, hacia el quiosco, se encuentra el Casino Militar. De sobrio estilo clásico, resalta la heráldica republicana que se ha conservado en su fachada. Destaca el hall de entrada y las escaleras de su interior.
Al otro lado de la plaza podemos ver el Parque Hernández y a su derecha, dentro del conocido como Triángulo de Oro, una casa modernista de Enrique Nieto, con vistoso remate ondulado de flores. A continuación se sitúan dos edificios modernistas: el antiguo de Correos, y en la misma acera donde nos encontramos, el Banco de España. Tras superar éste nos dirigimos a la calle Ejército Español, frente al banco. A la derecha aparece el antiguo Cine Monumental, una de las obras más destacadas del art decó melillense, construida en 1.930 por Lorenzo Ros, cuyos magníficos interiores fueron lamentablemente destruidos. Avanzando por la calle Ejército Español alcanzamos el cruce con la calle Cervantes.
La Calle Ejército Español y sus Alrededores
En este cruce podemos encontrar varias obras de interés: a mano derecha, un edificio modernista de Emilio Alzugaray -actualmente reformado-, y a su derecha una obra neobarroca (clásica) de Manuel Latorre. Destaca, situado frente a ellos, el edificio modernista de la Cámara de Comercio -obra de Nieto- y sede de un influyente organismo que agrupaba los intereses de la burguesía melillense.
Retomando la calle Ejército Español y subiendo, encontramos otros dos edificios modernistas de Enrique Nieto en su vertiente floral: el Casino Español, a la izquierda, en el centro de la manzana; y algo más adelante, a la derecha y haciendo esquina, la antigua sede del diario El Telegrama del Rif.
En la sede de El Telegrama del Rif destaca el atrevido chaflán con óvalo sobre columnas. Junto a éste, a la derecha, ya en la calle Cándido Lobera, está el Teatro-Cine Nacional. Se trata de una obra del mismo arquitecto, construida a finales de la década de 1.920, aunque realizada en un estilo más geometrizante dentro de la corriente modernista.
En la calle Ejército Español, frente a los edificios anteriores, existe una curiosa obra regionalista de Mauricio Jalvo. Se diferencia notablemente del resto de la arquitectura melillense por el uso del ladrillo y los aleros que rematan la fachada. Esta confluencia de calles nos muestra otros ejemplos modernistas de la primera época de Nieto, y también, alguna destacada obra art decó. Tal es el caso del monumental bloque ejecutado en la década de 1.930, situado al principio de la misma calle con esquina a la Avenida.
Retomando a Ejército Español encontramos, un poco más adelante a la izquierda, la Plaza Menéndez Pelayo en la que destaca la torre campanario de la Iglesia del Sagrado Corazón, obra neorrománica de Fernando Guerrero Stracham. Y, a la izquierda, una de las mejores obras modernistas de Enrique Nieto construida en 1.915, la llamada Casa de la Reconquista que aparece llena de detalles florales y femeninos, con vistosos miradores y torres con cúpulas en las esquinas. Continuamos nuestro paseo por la calle López Moreno.
Algunas Joyas de la Melilla Modernista
magnífica serie consecutiva de buenos ejemplos modernistas de diversos autores: Enrique Nieto, Emilio Alzugaray, Enrique Álvarez y Luis García Alix. Todos los edificios se encuentran situados a la derecha, según caminamos.En el centro de la calle, también a la derecha, visitaremos la principal sinagoga de la ciudad -obra de Enrique Nietoconocida como Or Zoruah o de Yamín Benarroch, en la que destaca tanto la fachada como el cuidado interior del templo.
En la confluencia entre las calles López Moreno, Castelar y la Avenida Juan Carlos I, existen algunos buenos edificios de los arquitectos Enrique Nieto y Manuel Latorre.
Nos situamos ahora en la esquina a la Avenida, bajo un magnífico edificio modernista de la segunda década del pasado siglo, en el que destaca el mirador en chaflán, repleto de elementos florales. Desde este punto podemos contemplar varios edificios destacables, todos proyectados por el prolífico arquitecto Enrique Nieto: de los años treinta tenemos una mezcla del modernismo y el art decó en una obra situada en la esquina entre la Avenida y la calle Sidi Abdelkader, la casa llamada La Pilarica de gran elegancia cosmopolita en la esquina a los Reyes Católicos, frente a ella otra soberbia obra conocida como El Acueducto y a su derecha la manzana de oro del modernismo melillense, entre las calles García Cabrelles, Cardenal Cisneros, Lope de Vega y Reyes Católicos, con un edificio modernista floral con mirador curvo, la Casa Vicente Martínez obra de Nieto y un edificio de Mauricio Jalvo en Lope de Vega 4. La calidad de todas estas obras hizo de Melilla una capital plenamente cosmopolita en su época.
El Corazón de la Melilla Modernista
Frente a la Casa Vicente Martínez apreciamos el contraste de estilos en un edificio art decó de la calle Cardenal Cisneros, plagado de detalles geométricos muy abigarrados.
Bajando la calle, y a la derecha, en las dos siguientes manzanas veremos magníficos edificios modernistas que jalonan las calles Cardenal Cisneros y Sor Alegría, realizados todos ellos entre 1.915 y 1.917 por el ingeniero Emilio Alzugaray y Enrique Nieto. Podríamos decir que estamos en el corazón del modernismo melillense: remates ondulantes, miradores, juegos florales, guirnaldas, dentro de un gran colorismo, que nos transporta hacia la Melilla cosmopolita del primer tercio del siglo XX.
Abandonaremos la calle, girando a la izquierda, por la calle Gabriel de Morales hasta llegar a la Avenida de los Reyes Católicos.
Remontando dicha Avenida destaca -a la izquierda- el edificio de obra neogótica que fuera Colegio del Buen Consejo, hoy sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia; la antigua capilla funciona como salón de actos y su parte inferior se ha convertido en sala de exposiciones. Desde aquí podemos observar nuevas perspectivas sobre otros edificios de la manzana siguiente, como el monumental bloque art decó realizado por Nieto en 1.930, plagado de elementos geometrizantes.
Ahora nos adentraremos en las calles del ensanche que en 1.906 realizara el ingeniero Eusebio Redondo. Él planificó un amplio espacio central en el llano de la ciudad: el que sería barrio de Reina Victoria y que se conoce actualmente como Triángulo de Oro. Abandonamos la Avenida de los Reyes Católicos tomando a la derecha la calle José Antonio Primo de Rivera.
En el cruce de Primo de Rivera con Sidi Abdelkaber nos encontramos, en la esquina derecha, un ejemplo de arquitectura esgrafiada de los años cuarenta del siglo XX: la arquitectura esgrafiada de Enrique Nieto.
Si avanzamos por Primo de Rivera encontraremos nuevos edificios modernistas a izquierda y derecha, como el edificio del Banco de Bilbao, desde el cual, girando a la derecha, podemos ver otras obras interesantes en la calle General Pareja. Bajando por esta última y en cruce con General Prim, veremos otros edificios modernistas que confieren al centro de la ciudad la imagen de conjunto que caracteriza a Melilla.
Volvemos ahora hacia la Avenida de los Reyes Católicos avanzando por la calle General Prim. En el cruce con Sidi Abdelkader nos topamos con la Casa de los Cristales. Es un admirable edificio concebido como gran hotel y que presenta una fachada acristalada de la que recibe el nombre con el que es conocido popularmente. El acristalamiento entre columnas nazaríes y múltiples detalles arabizantes de gran lujo.
Siguiendo hasta el final de la calle encontraremos, a mano izquierda, una manzana ecléctica de casas militares de José de la Gándara.
Antes de tomar la calle Castillejos, podemos observar a la derecha una manzana de calles militares eclécticas.
Tomando a la izquierda la calle Castillejos alcanzamos a ver la Comandancia de Ingenieros, institución que tanta importancia tuvo en el diseño urbano de la Melilla moderna.
Ya en la calle O'Donnell encontraremos una nueva edificación de líneas aerodinámicas obra de Francisco Herranz conocida como la Casa Parres. Y en la misma calle, en la conjunción con Sidi Abdelkader, otra obra del mismo arquitecto con proyecto de 1.936, que es el edificio art decó aerodinámico más elegante de la ciudad.
Tomando la calle General Pareja a la derecha, llegamos a la calle General Marina en la que, a mano izquierda, podemos contemplar dos edificios modernistas de gran belleza. Al alcanzar la siguiente esquina tomamos a mano derecha por General Chacel, y así llegaremos de nuevo a la Avenida Juan Carlos I.
La Avenida Juan Carlos I y sus alrededores
En el cruce con O'Donnell, a la izquierda, veremos un edificio de Emilio Alzugaray. Continuaremos por Chacel, pues en el número 8 se encuentra uno de los mejores trabajos art decó de Enrique Nieto, en el que conjuga sabiamente los detalles geometrizados con volúmenes de gran elegancia. Frente a este último, y en esquina a General Prim, se encuentra un edificio clasicista de Alejandro Rodríguez Borlado de 1.907, que sintetiza muy bien el estilo dominante antes de la llegada del modernismo y que conserva la decoración pintada de algunas de sus habitaciones.
Ya en la Avenida Juan Carlos I regresamos hacia la Plaza de España, a mano derecha. En los números 18 y 20 destaca otro edificio clasicista de Eusebio Redondo. En los números 11 y 9 Enrique Nieto vuelve a sorprendernos con dos obras muy distintas: la primera, de líneas art decó, fechada en 1.936, y la segunda, el antiguo Economato Militar, construido en 1.914. Se trata de una de sus mejores obras modernistas, llena de ondulantes balconadas, movidas decoraciones florales y elegantes miradores que rematan en potentes detalles verticales.
Finalizando la Avenida, en el cruce con la calle Cervantes y a la izquierda, encontramos dos edificios de Eusebio Redondo. Están situados a ambos lados de la calle Cervantes, aunque ligeramente modificados con simétricos e iguales que actuarían como marco de las murallas del fondo de esta calle. En la Avenida, continuamos la manzana viendo edificios clasicistas y eclécticos del mismo autor y de Droctoveo Castañón. Ya en la pequeña plaza Héroes de España, preside un monumento de líneas art decó realizado por Vicente Maeso en 1.940.
La Avenida finaliza con tres obras modernistas de muy diferente calado. Junto a la elegancia barroca del edificio de Guerrero Stracham, se alza la obra modernista más monumental de Nieto, el edificio de Avenida 1. Fue construido según los modelos más catalanistas del art nouveau, en concreto siguiendo las líneas de su maestro Doménech y Montaner. Por último, en el número 2, una obra del malagueño Manuel Rivera Vera, dentro del modernismo geométrico, en el que destaca la torrecupulada del chaflán. De nuevo en la Plaza de España, en cuyo centro se sitúa el monumento a los Héroes de las Campañas de Marruecos, obra art decó de Juan López, de la década de 1.930. En los setenta, Buhigas construyó la fuente luminosa que hay a sus pies. La Plaza de España es lugar de denso tráfico, pero también de sosiego en la zona ajardinada que rodea al monumento y que puede servirnos para la contemplación más reposada de esta hermosa zona de Melilla.
En esta misma plaza podemos ver la entrada monumental al parque Hernández, proyectada por La Gándara en 1.913, que nos invita a un tranquilo paseo por este espacio que data de los primeros años del siglo XX y que sirve de perfecto contrapunto al bullicio comercial del ensanche.
Para asomarnos a esta historia escrita en piedra, nos acercaremos a la Plaza de las Culturas desde la Plaza de España, donde estuvo situada la antigua puerta del Campo, para contemplar una magnífica e insuperable visita de todos los recintos.
Desde la Plaza de las Culturas se aprecia claramente la forma del Tercer Recinto de principios del siglo XVIII. Está rodeado por el foso de los Carneros y por 3 baluartes, los llamados Cinco Palabras, San Fernando y San José Bajo, y donde se sitúan las baterías de San Fernando, la de San Bernabé y la llamada Falsabraga.
Entramos al Segundo Recinto a través del túnel de San Fernando situado bajo la Falsabraga y nos encaminamos al foso del Hornabeque. Desde aquí podemos apreciar 2 torres o baluartes y una cortina que componen la obra de escuela de fortificación holandesa.
En 1.690 la Villa Vieja fue dividida en dos recintos diferentes (el Segundo y el Tercero) excavándole, en su centro y de lado a lado, un foso atravesado por un puente. Continuamos subiendo la rampa y nos situamos sobre el puente de piedra. A nuestras espaldas dejamos la parte trasera del Tercer Recinto, y a la izquierda, el túnel abovedado que nos permitiría salir a la Alcazaba por la puerta del torreón de Cinco Palabras.
Desde el puente contemplamos, a la izquierda, el baluarte de San Pedro; a la derecha, el de San José Alto; y en su centro, la puerta de la Victoria. Ésta nos da paso a la Plaza de Armas, desde donde se contempla una magnífica vista del Primer Recinto, recinto que muestra la transición del medievo al Renacimiento. Está formado por un circuito amurallado, que se adapta a un peñón rocoso de 4 lados, conocidos como Frente de Tierra, de Trápana, de Levante y de la Marina.
El Frente de Tierra defiende la puerta de Santiago. Es uno de los lados más importantes de la fortaleza, pues va adaptándose a la forma del acantilado y en el que descansan -desde abajo hacia arriba- los torreones de la puerta de Santiago, la batería Real, las baterías bajas de la Concepción y el Baluarte -o batería alta- de la Concepción. Para acceder al Primer Recinto desde la Plaza de Armas hay que pasar el puente levadizo sobre el foso de Santiago. La Puerta de Santiago está rodeada por un foso. Es una puerta en recodo, con una casamata -o defensa- avanzada a la derecha, y un cuerpo de guardia en el interior, que controlaba el acceso por tierra a la ciudad, a la izquierda. La puerta está rematada por un escudo del emperador Carlos V y aparece flanqueada por dos torreones. Es, sin duda, el monumento más representativo de Melilla la Vieja. Tras pasar las bóvedas de la puerta salimos a la llamada plaza de la Avanzadilla, que fue un foso, actualmente cegado, con puente levadizo que llegaba a la puerta de Santa Ana. A su derecha se encuentra el torreón de la Avanzadilla. En esta plaza existe una reinterpretación moderna y policromada del escudo de Carlos V. Junto al escudo se abre la puerta de Santa Ana por la que se accede a la capilla de Santiago, que es la única muestra de arquitectura regligiosa gótica en el continente africano, y a continuación al túnel de Santa Ana. Tras la capilla -y a continuación en línea recta- le sigue el túnel de Santa Ana que atraviesa la muralla y nos lleva hasta la plaza de la Maestranza.
La plaza de la Maestranza es un lugar donde merece la pena detenerse. Los aljibes que encontramos a la izquierda son una de las obras más monumentales de todo este circuito cuya espectacularidad es aún más patente si se visita el interior. El Aljibe de las Peñuelas muestra su fachada principal a la plaza. En ella se aprecian las marcas grabadas de los canteros que justificaban la autoría y el volumen de trabajo. El aljibe tiene 4 puertas, las dos centrales corresponden a las entradas de los depósitos -cuya capacidad es de más de 500 metros cúbicos cada uno-. Las dos puertas laterales corresponden a los decantadores, donde se recogía el agua de lluvia y se purificaba filtrándose en arena.
Frente a nosotros vemos otras importantes obras del siglo XVIII: los almacenes de las Peñuelas serán el futuro museo de la ciudad, y a la derecha la Maestranza con el túnel de acceso a la puerta de la Marina. En el lugar de las Peñuelas siempre estuvieron los almacenes principales de la ciudad. Los actuales datan de finales del siglo XVIII y se componen de 7 salas abovedadas muy amplias. Continuando hacia la izquierda, dejando atrás los almacenes, llegamos al fondo de la plaza superior.
En este espacio abierto se celebraban las principales fiestas y celebraciones de la población. En primer término aparece la antigua Casa del Gobernador, y junto a ella, la Torre de la Vela, donde se sitúa una campana que daba la alerta a la ciudad. Desde la torre se accede a la cortina de la Batería Real, punto predominante de este Frente de Tierra, desde donde se contempla una magnífica vista de toda la ciudad.
Al salir de nuevo a la plaza se accede al antiguo caserío de Melilla por la calle de San Miguel, situada frente a las escaleras de subida de la plaza de la Maestranza. Es de leve pendiente, que remonta la calle hasta el arco -o algorfa del hospital de San Francisco-, frente a la Iglesia de la Purísima Concepción. Poseía diferentes salas para enfermos, y cuando se construyó el nuevo Hospital del Rey pasaría a ser la botica y farmacia de la ciudad. Giramos a la izquierda y avanzamos hacia el arco que se vislumbra al fondo.
Cruzando el arco se llega a la Iglesia de la Purísima Concepción, la más antigua de la ciudad y otro de los monumentos de obligada visita. Tiene tres naves, con capillas, retablos barrocos y una interesante imaginería religiosa, que nos llega desde finales del siglo XV hasta el XIX. La fachada es sencilla, con portada en piedra de tipo clásico coronada por frontón triangular. Presenta una hornacina con talla en piedra de la Purísima Concepción y el resto aparece encalado. A la derecha se yergue una torre con espadaña de dos campanas. Contiguo a la iglesia, a la izquierda, se encuentra la puerta del Conventico y sus cuevas.
Las cuevas del Conventico se construyeron en el siglo XVIII en dos plantas. La alta se desarrolla en una galería irregular con ventanas al acantilado de Trápana. Por una escalera se desciende al nivel bajo. Este piso inferior tiene planta en forma de cruz papal, con una amplia nave atravesada longitudinalmente por otras tres, las cuales se abren a través de una ventana a Trápana. En momentos de peligro, las cuevas sirvieron para proteger las imágenes religiosas y para oficiar misa.
Siguiendo por la calle de la Iglesia y en sentido contrario al del Conventico vamos hacia la zona de la Concepción, dejando a la izquierda la casa Lafont, edificio en el que destaca la portada de piedra. En su interior hay una cúpula de media naranja pintada con motivos relativos a las cuatro estaciones.
Girando a mano derecha ascendemos por las rampas de las antiguas baterías bajas de la Concepción. Su factura actual data de finales del siglo XVIII, aunque las originales funcionaban ya a principios del XVI. En lo más alto del recinto está situada la Concepción.
La Concepción es un recinto donde se mezclan elementos del siglo XVI -como la torre de San Sebastián- con otros del XVII -como el Caballero- y del XVIII -como el almacén de pólvora, el baluarte y las baterías-.
En el almacén está situado el Museo Militar de Melilla, que cuenta con interesantes contenidos, y desde cuyas terrazas se tienen magníficas vistas de toda la costa y la ciudad.
A partir de la Concepción visitamos los tres frentes marítimos de la fortaleza, llamados consecutivamente: muralla de Trápana o de la Cruz, muralla de Levante o del Socorro y Frente de la Marina.
La muralla de la Cruz o Trápana se desarrolla desde la Concepción hasta el torreón del Bonete o del Faro. En el subsuelo rocoso de esta irregular muralla se excavaron varias cuevas conocidas como de la Iglesia, del Conventico y de Santa Bárbara, que en gran parte pueden visitarse y permiten bajar hasta la playa de Trápana.
El siguiente frente, llamado de Levante o del Socorro, es una muralla casi recta que se desarrolla desde el torreón del Bonete o Faro hasta el de las Cabras. Además tiene otros torreones, llamados del Bonete Chico, Bernal Francés y el de las Pelotas, sobre el que se contemplan buenas vistas del puerto de la ciudad. Éstas son murallas de transición, entre las trazas medievales y las renacentistas, construidas a principios del siglo XVI.
Frente al faro se encuentra el Hospital del Rey, amplio y monumental edificio de mediados del siglo XVIII, que alberga actualmente el Archivo de la Ciudad. Siguiendo por esta muralla llegamos a la Plaza de la Parada, junto al torreón de las Pelotas.
A espaldas del Torreón de las Pelotas se abre la entrada de las cuevas del General que actualmente albergan la Peña Flamenca de Melilla. Dejando atrás esta plaza nos encaminamos al final del adarve de la muralla, donde hallamos el reconstruido torreón de las Cabras. Debajo de la cortina -formada por murallas rectas y torreones- se abren la puerta de Florencia y el túnel de Florentina. Continuando por la Plaza de la Parada se desciende por la cuesta de Florentina y al fondo, entre los almacenes, entramos en el frente de la Marina. El frente, de izquierda a derecha, está formado por los torreones de Florentina, San Juan en el centro y finalmente, tras una rampa, el de la Avanzadilla - con un monumento a Pedro de Estopiñán- y que cierra por este sector los frentes de mar.
En esta zona de los frentes se sitúa un magnífico conjunto de almacenes construidos principalmente durante los reinados de Carlos III y Carlos IV y que son: Florentina, San Juan Viejo, Sala de Armas de San Juan y las Peñuelas, que presentan actualmente diferentes usos públicos.
La Sala de Armas -y Almacén- de San Juan se compone de 4 bóvedas, repartidas simétricamente en dos pisos. En la puerta de acceso al nivel bajo se encuentra un escudo de cantería. Actualmente es la sede de la Asociación de Estudios Melillenses contando con una interesante biblioteca y archivo de temas locales y una pequeña exposición de piezas relacionadas con la historia de Melilla.
Frente al torreón de San Juan, el camino por el callejón del Moro nos lleva de nuevo a la Plaza de la Maestranza. En este callejón nació en prestigioso actor melillense José Tallaví, mientras que en la calle Ledesma lo hizo el dramaturgo Fernando Arrabal.
Ya en la Plaza de la Maestranza y descendiendo por el túnel de la izquierda, llamado de la Marina, saldremos al torreón de la Cal, antiguo revellín de Mar de principios del siglo XVI. Su arquitectura original se mantiene en la actualidad, a pesar de las reformas del siglo XVIII.
En la rampa de bajada se abre la entrada del Cuartel de Santa Ana en cuyo interior abovedado puede verse el Aljibe Viejo, que data del siglo XVI.
El Cuartel de Santa Ana fue construido en los últimos años del siglo XVIII, cuando se rehizo completamente la zona de la Marina, desde su base. En la nueva obra de la muralla se construyó una amplísima bóveda con arcos fajones, paralela a la muralla. Desde el Cuartel de Santa Ana se accede, desde el interior, al Aljibe Viejo: fue terminado en el siglo XVI, aunque pronto resultó insuficiente. Tiene planta cuadrangular y su cubierta, con vistosa bóveda de cañón asentada sobre arcos de descarga, es de finales del siglo XVIII.
Los restantes escalones conducen a la Puerta de la Marina cuya forma definitiva sería ejecutada en el siglo XVIII, cuando se reconstruyó todo el frente de murallas y se realizó la nueva puerta. Está formada por: un cuerpo de guardia rectangular situado en la parte superior -llamado de Santa Ana- que protege la entrada; la puerta de cantería, bajo un arco, remata en su exterior un escudo de Carlos IV, la puerta contaba con un sistema de puente levadizo con cadenas y un foso desaparecidos.
A los pies de esta puerta se encontraba el antiguo puerto de Melilla. Éste será el último hito del itinerario antes de volver a la Melilla moderna y dejar atrás el Pueblo.
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